martes, diciembre 30, 2025

La historia se repite: el incendio que amenaza a Carlos Espá


Carlos Espá había logrado posicionarse como una de las principales figuras antisistema de cara a las próximas elecciones. Para muchos ciudadanos, especialmente en el sur del país, representaba una alternativa distinta frente a los rostros y discursos que han marcado la política peruana en los últimos años. Sin embargo, una sola decisión ha empezado a resquebrajar ese capital político.

La incorporación del congresista Jorge Montoya a la lista al Senado del partido Sí Creo no solo generó críticas en redes sociales, sino también señales visibles de rechazo en diversas ciudades del sur, donde pintas a favor de Espá comenzaron a ser borradas como muestra de desaprobación. Para un candidato que se presentaba como el “verdadero cambio”, el mensaje de sus propios seguidores ha sido claro: esta alianza no los representa.

Las razones del malestar no son menores. Montoya es una figura ampliamente cuestionada por sus declaraciones y actitudes durante uno de los periodos más convulsos del país, especialmente por su trato hacia quienes protestaron durante el gobierno de Dina Boluarte. Para muchos simpatizantes, su inclusión contradice frontalmente el discurso de renovación política que Espá defendía en entrevistas y apariciones públicas.

Desde su lado, Montoya ha justificado su decisión señalando que el Perú necesita “orden, seguridad y decisiones sin ambigüedades”, afirmando que junto a Espá buscarán recuperar la autoridad y la institucionalidad. No obstante, más allá de la retórica, el problema de fondo no es el mensaje, sino la coherencia: cuando un proyecto político se construye sobre la promesa de ser distinto, cada decisión cuenta.

Este episodio recuerda inevitablemente lo ocurrido con Julio Guzmán. En su momento, Guzmán encarnó la esperanza de una nueva política, pero una mala gestión de una crisis personal —el conocido incidente del incendio en Miraflores— terminó por dañar irreversiblemente su credibilidad. No fue solo el hecho en sí, sino la manera en que se enfrentó: la falta de claridad, el distanciamiento con sus propios seguidores y la sensación de que algo no cuadraba con el discurso inicial.

Hoy, Carlos Espá enfrenta un escenario similar. No se trata únicamente de sumar o no a un congresista, sino de entender que la confianza ciudadana es frágil. Cuando esa confianza se quiebra, el incendio se propaga rápido. Hasta ahora, Espá no ha respondido de forma directa a las críticas; su reciente mensaje de que “si hay desacuerdos, que sean por cosas realmente importantes” ha sido interpretado por muchos como una minimización del problema.

La historia política peruana ha demostrado que no siempre es la oposición la que acaba con una candidatura, sino las decisiones propias. El incendio que hoy amenaza a Carlos Espá aún puede apagarse, pero el tiempo corre y el daño, al menos en una parte de su base, ya está hecho.