Faltaban pocos días para culminar mi primer año
de la secundaria, era un día martes. Tenía la económica costumbre de regresar a
casa caminando desde mi colegio " G.U.E. José de San Martín" ubicado
en la zona Pisco playa. Era una larga caminata de 15 cuadras por la Av. Las
Américas, sobre una berma de tierra y piedras de canto rodado, soportando
además el ya conocido calor de la cuidad. Aquella travesía terminaba convertida
en un hambre voraz y llegaba a mi casa para almorzar de inmediato.
Cargaba en mi bolsillo una llave de la puerta
principal y así logré ingresar. Mamá ya llegué!.... aquella tarde no recibí
respuesta a mi llamado, no había nadie en casa. Me dirigí a la cocina y revisé
las ollas, encontrándome unos fideos canuto y salsa bolognesa. Aquel platillo
era uno de mis favoritos, decidí no esperar a mi madre y me serví a mi gusto.
Me había quitado los zapatos y me coloqué unas sandalias, encendí el televisor
y se iba transmitiendo en vivo el programa concurso Alo Guisella.
Iba por la mitad de mi porción, mirando a la
señito, cuando de pronto un estrepitoso ruido se escuchó a lo lejos y se
silenció casi de inmediato, en el mismo instante se apagaba también mi
televisor. Ambos sucesos habían ocurrido al mismo tiempo y entendí que había
una relación directa entre ellos. Por aquella época el terrorismo se hacía
sentir y era normal tener cortes de energía eléctrica a cualquier hora por
alguna torre derrumbada; pero esas torres estaban lejos de la ciudad.
No pasaron muchos segundos para escuchar gritos que
provenían del exterior. Deje mi plato a un lado del sillón y corrí descalzo
hacia la puerta. Al abrirla me encontré con varias personas mirando hacia el
norte con mucho asombro. Algunas madres cogiéndose los cabellos con ambas manos
y gritando los nombres de sus hijos. Caminé algunos pasos para alcanzar a ver
lo que estaba lastimando a estas personas, llegando a ver una enorme humareda
negra que se alzaba sobre las casas a pocas cuadras de la mía.
En aquel momento de pánico escuché a alguien
mencionar con voz alta "se cayó un avión, se cayó un avión"... se me
hizo un nudo en la garganta y la piel se me escarapeló. En aquella dirección se
situaba mi ex colegio primaria "República Argentina", y aún colegio
de mi hermana menor. Ella iba en el turno de la tarde y había ingresado una
hora atrás. También se ubicaban otros colegios en la misma zona, más de mil
escolares estudiando y el accidente al parecer ocurrió ahí… recién ahí comprendí
la magnitud de lo ocurrido.
Rescatar a mi hermana fue lo primero que me vino
a la mente y decidí hacerlo, volví hasta mi puerta para cerrarla y olvidé sacar
la llave... empecé a correr con dirección al mercado, tenía que cruzarlo para
llegar al colegio y fue cuando empezaron a invadirme todo tipo de situaciones y
sentimientos. No sabía cómo reaccionaría si veía heridos o muertos, que
sentiría si encontraba a mi hermana en alguna de estas dos situaciones y peor
aún, como daría le daría la mala noticia a mi madre.
Pisco aún era una ciudad tranquila, donde los
fallecidos eran más por causas naturales, los accidentes no eran noticia común.
No estábamos preparados para algo así; pero corrí descalzo y sin descanso,
soportando todo tipo de objetos que por la fuerza se incrustaban en mis pies.
En esos minutos todo se volvió un caos, cientos de escolares aterrados
escapando hacia sus casas y decenas de adultos corriendo hacia el accidente...
atravesé el mercado y finalmente llegué a la escuela.
La única puerta estaba abierta a dos hojas, al
ingresar lo primero que observé fue que fuego y humo se elevaban unos cien
metros por la espalda del colegio, sentí un gran alivio al saber el avión no
había caído dentro del local. Llegué hasta el salón donde estudiaba mi hermana
y este se encontraba vacío, supuse que ella había retornado a casa, y ahí se
encontraría con mi madre. Ya me encontraba cerca del lugar del accidente y la
curiosidad por saber un poco más me desvió hacia allá.
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