miércoles, junio 19, 2013

La primaria - Parte 2

Era el primer día en la escuela primaria... luego de aquel bochornoso incidente en la puerta y ya todos más calmados, nuestros padres le preguntaban a una señora ¿Dónde queda el salón del primer grado? Señalándonos al instante la ubicación correcta. Aquella señora conocía a la perfección cada uno de los grados, secciones y sus respectivos salones... la señora Esperanza era la portera de nuestra escuela.
 Nuevamente caminé de la mano de mi madre, bordeando el patio de la escuela... mi sección era la B y el salón se ubicada hacia la mano derecha. Ahí fuimos recibidos uno a uno por una simpática dama de piel canela, cabello corto rizado y de color medio rojizo, con una sonrisa Kolynos y con una confianza como si nos conociera de toda la vida... ¡Buen día mi príncipe! Una repentina y extraña sensación invadió mi cuerpo... se me escarapelaba la piel.
 Aquel saludo a manera de piropo resultó ser una insinuación, que supe descifrar en ese preciso momento... sabía por cultura general que pasarían algunos años para conocer a mi primer amor; pero no había imaginado ilusionarme a mi temprana edad, y más aún con mi madre como testigo. Con algo de timidez y el corazón palpitando a mil por hora, le devolvía a aquella dama una sonrisa y sellaba aquel sublime momento con un tierno beso en la mejilla.
 Mi madre empujó cariñosamente mi espalda, que me hizo dar unos pasos hacia adentro del aula... se había terminado el protocolo de mi madre y debía de continuar esta vez sin ella, siguiendo a mis inexpertos instintos. Habían algunos niños sentados en algunas de las carpetas, yo me hacía en medio del aula y sintiendo sus miradas dirigidas hacia mí, como escapando de ellas me ubiqué con rapidez en una de las carpetas de adelante.
Ahí sentado le eche un vistazo al aula y sus decoradas paredes celestes. Había mensajes coloridos y motivadores colgados en la pared de mi costado, aún no sabía leer; pero sin duda alguna esos colores eran motivadores. Al otro lado estaban las enormes ventanas y la única puerta por donde ingresé, frente a mí una imponente pizarra de color verde petróleo con un marco sobresaliente de color gris oscuro, donde yacían dos tizas, una blanca y una roja.
Mientras hacía esa breve inspección fuí testigo auditivo de una cruel felonía. Escuchaba nuevamente aquel piropo el cual me habían dedicado segundos antes. En ese momento pasaron muchas preguntas por mi cabeza... ¿Y cómo es él? ¿En qué lugar se enamoró de ti?¿De dónde es?¿A qué dedica el tiempo libre? Giré mi cabeza hacía la puerta y ahí los vi dándose un beso.... aquella dama me estaba traicionando con alguien de mi edad.
 Nuestras madres se habían quedado conversando en la puerta con ella, y no se inmutaron con la escena; muy por el contrario lo celebraban murmurando y pude observar hasta sonrisas. Mi corazón sufría desconsolado y confundido, cuando entonces llega a la puerta del salón una niña, nuevamente mi infiel musa pronunció palabras que esta vez opacaron totalmente mi calificación de príncipe: ¡Buenos días mi reina!.

 No entendía que trataba hacer con nosotros, primero con el niño y luego nos subordinó a ambos con aquella niña. Después de analizar bien la situación finalmente comprendí... aquella dama no trataba de ilusionarnos, era una forma de recibir a los que se convertirían en sus hijos adoptivos, ella era nuestra profesora y se llamaba Dora... la persona que nos enseñaría lo que Ud. y yo hacemos en este momento, a leer y escribir respectivamente.

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