Era el primer día en la escuela primaria... luego de aquel
bochornoso incidente en la puerta y ya todos más calmados, nuestros padres le
preguntaban a una señora ¿Dónde queda el salón del primer grado? Señalándonos
al instante la ubicación correcta. Aquella señora conocía a la perfección cada
uno de los grados, secciones y sus respectivos salones... la señora Esperanza
era la portera de nuestra escuela.
Nuevamente caminé de
la mano de mi madre, bordeando el patio de la escuela... mi sección era la B y
el salón se ubicada hacia la mano derecha. Ahí fuimos recibidos uno a uno por
una simpática dama de piel canela, cabello corto rizado y de color medio
rojizo, con una sonrisa Kolynos y con una confianza como si nos conociera de
toda la vida... ¡Buen día mi príncipe! Una repentina y extraña sensación
invadió mi cuerpo... se me escarapelaba la piel.
Aquel saludo a manera
de piropo resultó ser una insinuación, que supe descifrar en ese preciso
momento... sabía por cultura general que pasarían algunos años para conocer a
mi primer amor; pero no había imaginado ilusionarme a mi temprana edad, y más
aún con mi madre como testigo. Con algo de timidez y el corazón palpitando a
mil por hora, le devolvía a aquella dama una sonrisa y sellaba aquel sublime
momento con un tierno beso en la mejilla.
Mi madre empujó
cariñosamente mi espalda, que me hizo dar unos pasos hacia adentro del aula...
se había terminado el protocolo de mi madre y debía de continuar esta vez sin
ella, siguiendo a mis inexpertos instintos. Habían algunos niños sentados en
algunas de las carpetas, yo me hacía en medio del aula y sintiendo sus miradas
dirigidas hacia mí, como escapando de ellas me ubiqué con rapidez en una de las
carpetas de adelante.
Ahí sentado le eche un vistazo al aula y sus decoradas
paredes celestes. Había mensajes coloridos y motivadores colgados en la pared
de mi costado, aún no sabía leer; pero sin duda alguna esos colores eran
motivadores. Al otro lado estaban las enormes ventanas y la única puerta por
donde ingresé, frente a mí una imponente pizarra de color verde petróleo con un
marco sobresaliente de color gris oscuro, donde yacían dos tizas, una blanca y
una roja.
Mientras hacía esa breve inspección fuí testigo auditivo de
una cruel felonía. Escuchaba nuevamente aquel piropo el cual me habían dedicado
segundos antes. En ese momento pasaron muchas preguntas por mi cabeza... ¿Y
cómo es él? ¿En qué lugar se enamoró de ti?¿De dónde es?¿A qué dedica el tiempo
libre? Giré mi cabeza hacía la puerta y ahí los vi dándose un beso.... aquella
dama me estaba traicionando con alguien de mi edad.
Nuestras madres se
habían quedado conversando en la puerta con ella, y no se inmutaron con la
escena; muy por el contrario lo celebraban murmurando y pude observar hasta
sonrisas. Mi corazón sufría desconsolado y confundido, cuando entonces llega a
la puerta del salón una niña, nuevamente mi infiel musa pronunció palabras que
esta vez opacaron totalmente mi calificación de príncipe: ¡Buenos días mi
reina!.
No entendía que
trataba hacer con nosotros, primero con el niño y luego nos subordinó a ambos
con aquella niña. Después de analizar bien la situación finalmente comprendí...
aquella dama no trataba de ilusionarnos, era una forma de recibir a los que se
convertirían en sus hijos adoptivos, ella era nuestra profesora y se llamaba
Dora... la persona que nos enseñaría lo que Ud. y yo hacemos en este momento, a
leer y escribir respectivamente.
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